El 2 de diciembre de 2013 fui anunciada ganadora del concurso
organizado por la Embajada del Ecuador en Venezuela, "La Mano sucia de
Chevron-Texaco". Entre otras cosas, el premio para el primer lugar
consistía, principalmente, en una viaje a Ecuador para conocer el desastre y
una publicación del artículo en una revista de política exterior.
Hace más de un año de ser anunciada
ganadora del concurso, tengo varias cosas que comentar.
1. La premiación
La ceremonia de premiación fue en la
residencia del embajador del Ecuador de Venezuela. Los tres primeros lugares,
en compañía del jurado y personal de la Embajada, pudimos disfrutar un
almuerzo, con vinito y demás. Recuerdo que este almuerzo cayó un 5 de diciembre. Evidentemente, como se
cumplían 9 meses de la muerte de Chávez, sus alabanzas, gritos de "Chávez
vive" y hasta canciones no faltaron en el dichoso almuerzo. No importa,
nadie había notado que yo no era chavista y esto no me incomodaba, pues yo estaba
allí por algo que va más allá de eso: un problema ambiental. Soy fiel creyente
de que los problemas ambientales no solo trascienden fronteras, sino ideologías
y grupos políticos, por lo que, en mi criterio, tienen la misma pertinencia
para alguien de derecha que para alguien de izquierda.
2. La ceremonia de despedida del Embajador
El Embajador culminaba su período en el
cargo. Fuimos invitados a su fiesta de despedida, en el Hotel Meliá Caracas. No
faltaron pasapalos y más vinito. Fue una noche sumamente agradable. Sin
embargo, el himno de Venezuela que se entonó al dar inicio al acto formal, fue
el cantado por Chávez cuando ganó las elecciones del 7 de octubre del 2012.
Bueno, no me importó. "Yo estoy por algo más aquí", me dije.
Quizás este fue el segundo strike y no me
había dado cuenta.
3. El viaje
Tuve la valiosa oportunidad de viajar a Ecuador en mayo de 2014. Sin embargo, el viaje, a pesar de la majestuosidad de la naturaleza de la Selva, me dejó un sabor agridulce.
No me importó mucho que me avisaran dos
días antes que me iba el sábado (o sea, me avisaron un jueves que yo me iba de
viaje el sábado. Así, sin más). No me pude llevar Cadivi, pero no importó. Como
dije, yo estaba allí por algo más: el problema ambiental.
Salí de Caracas sin personal de la
Embajada en el aeropuerto (a mis padres no les gustó mucho este detalle así
como lo del Cadivi). Primero llegué a Bogotá y luego a Quito. Llegué a eso de
las 2 de la madrugada hora local.
Mi sorpresa fue mayor al llegar al
aeropuerto Mariscal de Sucre: no había nadie con un papelito que dijera
"Valentina Montes" esperándome. Busqué un poco más allá del
aeropuerto, inclusive salí y caminé un poco por la parada de taxis. No había nadie
esperándome.
Evidentemente, no tenía roaming y ese
aeropuerto no tenía wifi, por lo que no podía comunicarme con la persona
responsable, así que tuve que llamar
desde el aeropuerto. No sé si
saben que llamar desde un aeropuerto es una de las cosas más caras que puedes
hacer allí, aparte de comprar un bolígrafo o un libro. Una llamada que no duró
ni dos minutos me costó 3,50$).
No importa, yo estaba feliz por haber llegado y estaba muy ansiosa
también por descansar.
Resulta que el chofer fue a dar una vuelta
porque mi vuelo se retrasó (yo debí llegar a eso de las 12 de la noche, pero
llegué casi dos horas después). Nos encontramos y me monté inmediatamente
en el carro, ansiosa por llegar al hotel, que estaba a unos 20 minutos del
aeropuerto.
El chofer, como estaba desde más de una
hora dentro, resulta que el estacionamiento es pre-pago y debes pagar antes de
salir, pues. Así como en los estacionamientos de acá. Cuando llegamos a la
garita, el chofer me dice
-
Niña,
no tengo suelto (sencillo). ¿Será que usted me puede dar los 5$ que cuesta el
estacionamiento?" -
-
Yo
dije "Señor, yo vine sin Cadivi. No tengo mucho dinero". -
-
"Niña,
pero es que si no se me van a pinchar los cauchos (pues habían los clavos de
seguridad)". -
Estaba tan agotada que simplemente le
di los 5$ al señor. (Sí, 5$).
Luego de una larga travesía, llegué al
Hotel.
La agenda empezó el lunes (yo llegué el
domingo). Estaba con un grupo de periodistas latinoamericanos y dos europeos
(una chica turca y un señor polaco).
3.1. La conferencia: Nos hicieron una conferencia para saber
más sobre el problema. Una chica de la Cancillería nos habló todos los
antecedentes históricos del problema y cómo está en vigencia. Fue muy
interesante, pero más interesante fue lo que nos dieron a aproximadamente 20
personas que estábamos allí: nos dieron la presentación de Power Point que usó
la chica para su ponencia. Eran más de 40 diapositivas, impresas en papel a una
cara. Sí, leyeron bien. Impresas a una cara, a color, más de 40 hojas de papel.
No era papel reciclado. ¿Cómo podemos
estar discutiendo sobre un problema ambiental gastando aproximadamente 800
hojas de papel? - pensé.
Un periodista nicaragüense se levantó y
expresó su desacuerdo; ¿Por qué no nos dieron esto en un CD o lo enviaron por
correo? ¡No tiene sentido!
La chica se quedó muda y prosiguió con su ponencia.
La conferencia finalizó. Disfrutamos de un
almuerzo, en el cual sirvieron
coca-cola. Sí, coca-cola.
Una multimillonaria empresa
estadounidense, así como Texaco, pues.
Ya me estaba comenzando a importar. Sin embargo, pensé "Cuando vaya a la Selva, todo esto
será un problema menor".
Partimos desde Quito muy temprano en la
mañana. Tomamos un vuelo que duró aproximadamente 45 minutos, para llegar a la
provincia de Sucumbíos y luego dirigirnos al pozo Aguarico 4, para conocer el
desastre de Chevrón. Sin duda, esta era la parte del viaje que más me
entusiasmaba: conocer el problema ambiental con mis propios ojos y palpar el
desastre.
Sin embargo, cuando llegué la sensación
fue un poco diferente. Había un toldo con sillas de fiesta, un mesón, tres
televisores de LED, un súper equipo de sonido… sí, todo eso, en plena selva. ¿Estamos
destruyendo la labor de una empresa multinacional pero nosotros también
contaminamos el espacio de la selva? Además ¿para qué eso? ¿Acaso es un meeting
político? Estoy segura de que a muchos de los presentes nos interesaba más
conocer el problema, embarrándonos y sin importar el calor de la selva (hacían
aproximadamente 41 grados a eso de las 11 de la mañana), que sentarnos en
sillas de fiesta y que nos recibieran con mesoneros a la selva.
Ya comenzó a importarme. ¿De qué me sirve a mí tener un protocolo
de bienvenida en una selva? Es una selva. Cualquiera puede quedar derretido por
su imperiosa belleza. El sonido, el color verde e inclusive la humedad y el
calor son suficientes para que te sientas bienvenido. Pensé ¿era realmente
necesario? ¿De verdad estamos aquí para conocer un problema ambiental o para
hacer propaganda? Estas preguntas comenzaron a atormentarme a lo largo del
viaje.
El escenario era tétrico. Había crudo
por todas partes. El olor era insoportable.
Luego llegó la parte de ensuciarse la
mano. Una reconocida periodista chavista aprovechó esta oportunidad para
culpar al capitalismo estadounidense por el problema ambiental.
Ya era demasiado tarde para dejarme de importar. Me concentré a
lo que fui: conocer el problema ambiental, observar todo lo que pude y
conversar con los periodistas que fueron. Pero quizás yo estaba siento objeto
de una propaganda política en vez de una concientización ambiental.
3.3. Los comentarios
Strike 3
Ya casi finalizando el viaje, estábamos
en un almuerzo. La chica responsable de la Cancillería dice que sería bueno
realizar campañas sobre el problema en universidades venezolanas. Sin embargo,
solo mencionó a la Universidad Bolivariana, la UNEFA, la UNEXPO, la Universidad
Simón Rodríguez, la UPEL, la UNA… Yo comenté inmediatamente:
-
¿Por qué no hacemos también conversatorios en
Universidades como la UCV, la USB, la UCAB, la Unimet…? Le aseguro que también
sería ideal que todos se concienticen
Ella respondió de manera tajante:
-
A la derecha no le interesa el caso de Chevron.
…
Ya era demasiado tarde para dejarme de importar. No había nada en
el viaje que me ayudara a superar ese comentario. ¿A la derecha no le interesa
el caso de Chevron? ¡Haz que se interesen! Los problemas ambientales
trascienden ideologías, grupos políticos. Debes hacer que lleguen a todos, sin
distinciones políticas, sin señalar culpables o crucificar países: simplemente
hazles sabes que existe un problema ambiental.
Ya sabía en dónde estaba metida…
4. La publicación del ensayo
Como mencioné al principio del post,
otra de las partes del premio era la publicación de mi ensayo en una revista de
política exterior. Quizás esta era una de las partes del premio que más me
importaba; una publicación en una revista de esta naturaleza, a mi edad y en el
tiempo que tengo en la Universidad, iba a
ser una parte muy importante de mi currículum.
Y digo iba a ser, porque no pasará. No solo cuando llegué de Venezuela no me preguntaron qué tal o me
pidieron mi fulana foto con la mano sucia, sino que hoy, a más de un año de
haber ganado el concurso, de la publicación de mi ensayo no se sabe nada. Solo me dicen que "no fue posible", a pesar de que fue prometido a vox populi en las bases del concurso.
Quiero creer que fue por simple descuido
y por desorganización y no por otro tipo de razones, pues al final del viaje
creo que ya todos se dieron cuenta de que no soy chavista.
5. Reflexión final
Sin embargo, como quizás puedan creer,
no todo es malo. Tuve la oportunidad de conocer maravillas naturales así como al vicepresidente y al canciller de
Ecuador, por ejemplo, así como disfrutar con periodistas muy amables y de una
excelente estadía.

Pero mi sensación agridulce sigue, 7
meses después de mi viaje. ¿Realmente se está haciendo una campaña de
concientización sobre el problema ambiental como tal es una campaña que
simplemente ataca a Chevron por ser una empresa estadounidense? ¿Se está
buscando que la gente tenga conciencia sobre el mundo en el que vivimos?

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